Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerle una mejor experiencia y servicio. Es necesario que acepte el uso de estas 'cookies' para el correcto funcionamiento de la web. Para más información consulte nuestro Aviso Legal, política de privacidad y política de uso de cookies

Aceptar

Post

Federico García Lorca en Cuenca

21/08/20

Image

Federico García Lorca en Cuenca

Se cumplen 84 años de la muerte del poeta y dramaturgo español más importante del siglo pasado

Ochenta y cuatro años del asesinato de una de las mayores figuras nacionales e internaciones conocidas en el ámbito literario de todos los tiempos. Federico García Lorca fue, sin lugar a dudas, el poeta y dramaturgo español más importante del siglo XX. Y cada año, en la Plaza de Santa Ana de Madrid, se rinde homenaje a esta emblemática figura. Este año, debido a la actual pandemia por la COVID-19, no ha podido ser, pero ello no exime que se recuerde a este gran poeta y dramaturgo y recordemos la visita que realizó a nuestra ciudad y, además, el hermoso soneto que dedicó a nuestra emblemática Ciudad Encantada

Corría el año 1932 cuando la heterodoxia religiosidad de Lorca no impidió que se interesase por la Semana Santa de Cuenca y, en una visita privada, la conociera. Se sabe que estuvo en Cuenca entre el 23 y el 26 de marzo de ese mismo año y, en concreto, llegó a la capital un Miércoles Santo alargando su estancia hasta el Sábado Santo lo que, por supuesto, le permitió conocer alguna de las procesiones más representativas de la ciudad así como alguna que otra del municipio de Palomera, ubicado a 10km de la capital. Lorca llegó a Cuenca desde Madrid en línea de autobús acompañado del cónsul de la embajada de Chile en Madrid, Carlos Morla Lynch, quien años más tarde recoge en su obra las vivencias compartidas con el andaluz, y el escritor Rafael Martínez Nadal. Se ubicaron en la céntrica calle de Carretería, habiendo sido un cambio de planes de última hora lo que los trajo a la capital conquense, pues se disponían a visitar Salamanca en un primer momento. 

Al llegar, el poeta y sus amigos disfrutaron de la procesión del Miércoles Santo desde la Plaza Mayor y, según recoge en su libro Mola Lynch, Lorca destacó el predominio de la luz blanca y el silencio en la misma. Se conoce que en su itinerario, Lorca, Morla y Martínez se trasladaron el Jueves Santo a Palomeras, probablemente acompañados de quien fuera presidente de la diputación, Juan Jímenez Aguilar. En el municipio presenciaron la procesión que finalizaba en la Iglesia y, en su regreso a Cuenca capital, disfrutaron del desfile del Jueves Santo desde la plaza de la Infanta Paz, hoy conocida como plaza de la Hispanidad. De ésta procesión Lorca destacó la valía de la talla del Ecce Homo. Pese a lo que se cree debido al interés de dicha procesión, Lorca no llegó a ver Las Turbas pues, según el testimonio de Morla, el escritor dormía profundamente en el hotel a esas horas. De lo que sí disfrutaron el escritor y compañía fue de las procesiones de En el Calvario y del Santo Entierro, así como del santuario de las Angustias, donde bajado a ver a la virgen siguiendo la tradición conquense. El periplo de Lorca en Cuenca terminó el Sábado Santo, cuando está constatada la salida hacia Madrid en autobús. 

Federico Muelas, con el que Lorca trabó amistad, aseguró en uno de sus artículos que el escritor volvió a la capital conquense en el año 1935 era participar en las tertulias literarios El bergantín de la vela roja, que el mismo Muelas promovía en la capital. Además, Lorca dedicó un soneto a la conocida Ciudad Encantada, aunque no hay constancia de que la visitase, este soneto, que parte de la colección de once sonetos publicada en 1984 por el diario ABC bajo el título Sonetos de amor, se escribió en 1935, unos años después de su visita a la capital en la primavera de 1932. En el soneto Lorca mezcla la idea que tiene de la Ciudad Encantada por lo que le han contado y por la imagen que él tiene de la propia Cuenca, «que para él es una ciudad encantada».


¿Te gustó la ciudad que gota a gota

labró el agua en el centro de los pinos?

¿Viste sueños y rostros y caminos

y muros de dolor que el aire azota?


¿Viste la grieta azul de luna rota

que el Júcar moja de cristal y trinos?

¿Han besado tus dedos los espinos

que coronan de amor piedra remota?


¿Te acordaste de mí cuando subías

al silencio que sufre la serpiente

prisionera de grillos y umbrías?


 ¿No viste por el aire transparente

una dalia de penas y alegrías

que te mandó mi corazón caliente?


Sonetos de amor, año 1935

Federico García Lorca

Más imágenes


Image
Image
Image