08/05/20
La Catedral de Cuenca
La icónica joya de nuestro Casco Antiguo
Si algo define la silueta y la esencia de nuestro Casco Antiguo es, sin duda, la Catedral de Cuenca. Esta joya histórica comenzó su andadura el 21 de septiembre de 1177, cuando Alfonso VIII de Castilla reconquistó la ciudad. Apenas unos años después, en 1183, quedó constituida como sede episcopal.
Como toda gran historia, la de nuestra catedral también tiene un componente romántico. Leonor de Inglaterra, esposa de Alfonso VIII, hija de Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania, y hermana de Ricardo Corazón de León, dejó una descripción que ha perdurado hasta nuestros días. La catedral fue levantada sobre los restos de una antigua mezquita árabe, tal y como recoge el siguiente texto atribuido a la reina:
«El Rey don Alfonso, fizo y ordenó que la mezquita que los moros avían, mandó a los obispos que la consagraran...
e puso por la suya mano de la Virgen María que a par de si traíba, e pasó e trasladó
los obispados de Valeria y Arcas e puso la silla en la su ciudad de Cuenca.»
Una pionera del gótico en Castilla
Aunque el estilo predominante de la época era el románico, la Catedral de Cuenca destaca por la influencia normanda presente en la corte de Alfonso VIII, un rasgo que marcó profundamente su construcción. Fue, junto con la Catedral de Ávila, una de las primeras catedrales góticas de Castilla. Sus obras, vinculadas a los maestros de la Champaña francesa, comenzaron en 1196 y concluyeron en 1257.
Siglos de transformaciones
Como ocurre con la mayoría de los grandes monumentos históricos, la Catedral de Cuenca ha experimentado numerosas modificaciones a lo largo de los siglos:
- Siglo XV: reconstrucción de su cabecera gótica.
- Siglo XVI: renovación casi completa de la fachada.
- Siglo XVII: construcción de la capilla del Sagrario y reforma de la fachada y las torres en estilo barroco.
- Siglo XVIII: creación de un nuevo altar mayor.
- Principios del siglo XX: reconstrucción de la fachada tras un derrumbe, recuperando el estilo gótico original.
Todas estas transformaciones han contribuido a convertirla en un enclave único de nuestro patrimonio y en una de las catedrales más espectaculares de España.
Uno de sus aspectos más destacados es que pertenece a una fase muy temprana de la arquitectura gótica, estrechamente relacionada con el arte anglonormando y franconormando del siglo XII francés, representado en catedrales como las de Soissons, Laon y París.
Una iconografía única y sorprendente
La Catedral de Cuenca posee una riqueza iconográfica y simbólica excepcional. Durante el desarrollo de algunas de sus obras coincidió un acontecimiento que cambiaría la historia del mundo: el descubrimiento de América en 1492.
Este hecho propició la incorporación de animales procedentes de las nuevas tierras descubiertas, otorgando a la iconografía conquense un carácter verdaderamente singular.
Entre sus tallas pueden encontrarse:
- Figuras fantásticas y mitológicas.
- Representaciones humanas.
- Elementos vegetales como hojas, tallos, frutos y vástagos serpenteantes.
- Animales hasta entonces desconocidos en Occidente.
Precisamente estos últimos son uno de los rasgos más distintivos de la catedral. En las arcadas góticas de finales del siglo XV aparecen representados animales como el armadillo, el pez globo o la tortuga, algo extraordinario para la época.
Una curiosidad insólita
Como apunte final, existe una historia tan curiosa como sorprendente. En 1910, un ciudadano guardó una caja en el interior de la primera piedra de la catedral. En ella depositó monedas, un boletín eclesiástico, reliquias de la antigua fachada y un sinfín de objetos tan extraños como fascinantes.
El alma de Cuenca
La Catedral de Cuenca no es solo uno de los monumentos más importantes de nuestra ciudad; es también el reflejo de siglos de historia, arte y transformación. El alma de Cuenca, sin duda alguna, se encuentra entre sus muros.
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